El
comentario de esta semana consiste en plasmar las sensaciones que
experimentamos durante la performance.
Al principio
cuando me enteré que debíamos hacer una representación de lo que fue el
Hospital de San Juan de Dios aquí en nuestro actual instituto, lo primero que
pensé era que qué vergüenza más grande. No me entraba en la cabeza disfrazarme
delante de todo el instituto para hacer el ridículo y que se rieran de mi.
Empecé a
buscarme la ropa para la performance, que se la pedí a una amiga mía que el año
pasado también representó. Ella me dijo que no me preocupara, que eso siempre
pasaba antes del momento, que ella también lo sintió pero que cuando se
encontraron todos en la misma situación, todo fue más fácil e incluso
divertido.
La tarde
anterior a la performance cuando ensayamos, todos empezamos a vestirnos y a bromear entre nosotros; ya se me fue
pasando la vergüenza. Nos fuimos a preparar el escenario para el día clave y
nos lo pasamos súper bien.
En el
momento del ensayo, lo pasamos un poco mal, ya que no nos salía bien y teníamos
muchos fallos. Yo me fui muy insegura y temía que al día siguiente algo saliera
mal.
El día de la
performance, todos estábamos muy nerviosos, esperando que se acabara todo eso
de una vez.
En cada
representación, yo sentía como un nudo en la garganta, pero en el fondo estaba
a gusto. La mayor satisfacción que me daba era que al acabar cada actuación,
las personas que nos estaban viendo estaban disfrutando mucho ya que aplaudían
con muchas ganas.
En
definitiva, las sensaciones que yo tuve al principio no tienen nada que ver con
las que sentí al realizar la performance: la volvería a repetir mil veces, y
creo que nunca olvidaré esta experiencia.
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